Descripción
Llegamos hasta ti con estas canciones cuya semilla trajeron quizá el viento o los sueños, quizá una mirada, un verso o una historia que sucede cerca o lejos. Surgieron entre otras muchas y las elegimos porque nos llevaban a un ritmo, un sonido, un hacer diferente. Sólo había que encontrarlas en el árbol entra en el árbol vuélvete rama, en las piedras del camino y las nubes de la tormenta piedrecitas de esperanza, flores de la tormenta, en el mar Mediterráneo cruzado por miles de invisibles para que el mar cante y la indiferencia sepa.
Sabemos bien que para que haya camino tienes que caminar y eso hicimos para entonar deja que cante que así lo que pesa se convierte en aire.
Mientras componíamos este nuevo trabajo hubo despedidas, ausencias imposibles que nos hicieron habitar el silencio. Incluso cuando la música se esconde nace una melodía y crece, y otra, y otra.
Y así queremos que resista una esperanza pequeña que de la nada surgió, nos cansamos de la lluvia que no dejan llover, buscamos a la niña que bailaba con el viento y en su cuerpo el viento se perdía.
En esta época de grito y violencia en la que parece extinguirse todo lo humano, la música es una luz encendida.
¿Y qué haremos nosotros? Cantar para que el olvido sepa.
Necesitamos mirar, escribir, componer, posicionarnos.
Nada detiene el rumor de la noche y el paso de los días, al tiempo vertiginoso le pedimos que se detenga un momento.
A ti también te lo pedimos, en la emoción de una canción podremos encontrarnos y seguir caminando porque hay una llama que alumbra al fondo del corazón.
Ven, vamos a abrir las ventanas y volver a mirar.
Ven, deja, sueña, vuela, canta.
Hay camino




